Reparación Valvular

Reparación Valvular Mitral

En determinados casos es posible llevar a cabo la reparación de una válvula cardiaca en lugar de sustituirla por una prótesis.

Esto supone una ventaja significativa puesto que evita tener que implantar una prótesis valvular en el corazón. Aunque ésta es inocua no es tejido vivo, con todo lo que ello supone.

La principal ventaja de la reparación es que no se necesita tomar medicación anticoagulante a largo plazo, salvo que haya otra causa para hacerlo. No obstante, generalmente se debe tomar durante los primeros 3-6 meses después de la cirugía. Además, al no implantarse ningún dispositivo en el corazón hay menor riesgo de sufrir una infección en el tejido cardiaco (endocarditis infecciosa). Tampoco se altera la anatomía del corazón, al contrario que las prótesis valvulares, que en ocasiones pueden empeorar ligeramente la contractilidad del mismo.

Los riesgos que presenta la reparación valvular no difieren de los de cualquier cirugía cardiaca. Sin embargo, hay que puntualizar que al tratarse de una reparación siempre existe el riesgo añadido de que esta no pueda realizarse con éxito. Cuando esto sucede, finalmente hay llevar a cabo la sustitución de la válvula, ocasionando esto que la duración de la cirugía y de la circulación extracorpórea sean mayores. Este hecho puede influir negativamente en el postoperatorio.

Al reparar la válvula dañada mediante diversas técnicas quirúrgicas la intención del cirujano es la de restaurar la función valvular. A veces se combinan varias técnicas entre sí. El objetivo es hacer que los velos (las puertas de la válvula) abran y cierren con normalidad.

Es excepcional la reparación de la válvula aórtica. En el caso de los aneurismas de aorta ascendente (ver apartado: Cirugía de la Arteria Aorta), se puede conservar la válvula cuando ésta no presenta insuficiencia (un cierre inadecuado) como consecuencia del aneurisma aórtico. En estos casos, la válvula queda suspendida dentro de la prótesis que sustituirá a la aorta ascendente; ésta es la técnica de David.

Las válvulas mitral y tricúspide pueden frecuentemente repararse. La reparación valvular mitral se expone de manera más extensa en el apartado correspondiente (ver apartado: Reparación Valvular Mitral).

La válvula tricúspide es la válvula que cuando está enferma se repara con mayor frecuencia. Es raro tener que sustituirla por una prótesis. No obstante, hay que señalar que su afectación aislada es poco frecuente. Por ello, en la mayoría de ocasiones el tratamiento quirúrgico se realiza cuando hay que operar una válvula izquierda (mitral o aórtica). Hay excepciones en las que se opera únicamente la válvula tricúspide, pero no es lo habitual.

La lesión más frecuente de la válvula tricúspide es la insuficiencia de la misma. Ésta se produce por la dilatación del anillo valvular, es decir, es como si el marco de una puerta (el anillo valvular) se dilatara, y las puertas (que serían las valvas de la válvula) ya no cerrasen bien. Lo más frecuente es que esta dilatación se produzca como consecuencia de una enfermedad de las válvulas izquierdas. Es por ello que los velos de la válvula tricúspide generalmente no están afectados. Por lo tanto, la reparación consistirá en reparar el anillo dilatado de la válvula tricúspide. Para ello se realiza una anuloplastia de la válvula tricúspide. Esta técnica consiste en fruncir el anillo de la válvula para reducir su diámetro, y que sea similar al de una válvula no dilatada. De esta manera se soluciona el mecanismo que generaba la insuficiencia tricúspide, reduciendo el orificio por el que pasa la sangre, que antes era demasiado grande.

La anuloplastia tricúspide se puede realizar con una especie de prótesis sin valvas; a esto se le denomina un anillo protésico que se sutura al anillo valvular tricúspide, y reduce el diámetro del anillo valvular al del anillo protésico implantado. La otra opción es fruncir el anillo mediante una sutura continua alrededor de la válvula; esta última técnica se conoce como anuloplastia de De Vega.

La reparación valvular tricúspide se asocia con un porcentaje bajo de complicaciones y no suele conllevar un aumento significativo del tiempo quirúrgico.